Nuestra Historia
Cien años, dos fundaciones
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1926
Treinta golfistas y mucha fe
En 1926, un grupo de treinta golfistas, impulsados por una inmensa fe y confianza en el futuro del golf en nuestro país, decidió escribir la primera página de esta historia. Fundaron el Olivos Golf Club como una sociedad anónima destinada a crear un centro deportivo dedicado a promover y desarrollar el golf, junto con otras actividades como el rugby.
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1928
La inauguración
El 19 de mayo de 1928, con la presencia del presidente Torcuato de Alvear y de autoridades provinciales y municipales, el Olivos Golf Club inauguró sus instalaciones. Alvear fue invitado a jugar la primera pelota del torneo inaugural con un "Fierro N.º 3" que le entregó John Cruickshank, conocido por todos como "Cruki".
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Años 50
Una segunda fundación
Hacia 1950, el club —ubicado entonces en la esquina de Marcelino Ugarte y España, en Olivos, con una de las mejores canchas del país: 18 hoyos de estilo británico, par 75— tuvo que afrontar los efectos del rápido crecimiento urbano y trasladarse a su ubicación actual, en el barrio de Malvinas Argentinas.
Ese momento fue considerado una "Segunda Fundación". El espíritu del club, lejos de desvanecerse, se fortaleció y dio sentido a todo lo que vino después. En el terreno donde hoy se levantan las instalaciones no había absolutamente nada: algunos alambrados, cardos y un pequeño monte de eucaliptos.
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1953
Koontz traza la cancha
Los estudios para la nueva cancha se encomendaron a un viejo conocido del club, el ingeniero Luther Koontz, bajo la atenta mirada del capitán Herbert Diesch y del profesional Ramón Rivarola. Koontz realizó el gran trazado de las actuales canchas Blanca y Colorada, los dieciocho hoyos centrales. Aunque las salidas se movieron y los greens se remodelaron, la cancha nunca perdió la esencia que la convirtió en una de las mejores del país durante casi setenta años.
Koontz también diseñó un sistema de riego que todavía se considera entre los más avanzados de la Argentina. La firma Neira y Escurra plantó unos 2.300 árboles de especies variadas; unos álamos plateados marcaban las 150 yardas al green sobre el lado izquierdo del fairway, y algunos siguen en pie en los hoyos 2, 14 y 16. En la década de 1960, Margarita Mackinlay de Maglione, una de las mejores amateurs de la historia del golf argentino, completó la forestación: logró contrastes de color de gran belleza y, a la vez, afinó tanto la estrategia de los hoyos como las cuestiones prácticas del mantenimiento.
Los dieciocho hoyos de la cancha Blanca y Colorada se inauguraron en mayo de 1953, veintitrés años después del primer golpe del presidente Alvear en el antiguo predio.
Para hacer una buena tarjeta en Olivos, el golfista tiene que pegar todos los golpes de la bolsa, pero más importante todavía es saber manejar los dos efectos, draw y fade, porque la cancha exige darle forma a la pelota constantemente. Hay que tener los efectos en la cabeza todo el tiempo, y eso lleva a cometer errores.